CIUDADANO RESPONSABLE
La crisis mundial de nuestros días, sin duda alguna, por su gravedad, es una de las más dramáticas de toda la historia, por lo que hay que pensar en formulas nuevas que recuperen la situación, o al menos que no permitan agudizar más esta crisis irreversible en el asunto ambiental, social y económico.
Presenciamos hoy una descomposición social abismal, a la vez que nos enfrentemos a cambios climáticos derivados por el mal uso y el abuso del ser a su entorno, e igualmente vemos derribar economías que parecían fuertes generando efectos que repercuten en los países más pobres.
Es necesario pensar en modelos y políticas de crecimiento que aporten para el mejoramiento social, la protección ambiental y el desarrollo económico de forma sostenible, algo que no puede depender de la voluntad de un gobernante, es necesario que todos y cada uno de los actores sociales cambiemos de pensamiento volviéndonos “Ciudadanos responsables socialmente”.
Parece ser esto lo más difícil, pues todos esperamos obtener algo mejor, pero pocos estamos dispuestos a hacer el sacrificio o esfuerzo que se requiere obtenerlo.
El origen de los problemas sociales radica principalmente en la cultura adoptada como estilo de vida: Criticamos pero no hacemos nada para cambiar, o asumimos una postura de nada me importa, porque yo estoy bien.
Ser un ciudadano responsable socialmente es volvernos críticos y asertivos, es convertirnos en personas decididas a buscar soluciones y no justificaciones, es asumir una posición más activa frente a lo que acontece, sin delegar a otros esta misión que es de todos, pues debemos tener claro que lo que hagamos o dejemos de hacer, impactará a nuestros hijos.
Desde una postura ciudadana normal, lo más fácil es señalar a otros de lo que nos sucede, y es frecuente que el común de la gente exprese que la culpa es del gobierno, o que los jóvenes manifiesten que la culpa es de los padres: la culpa es de todos aquellos que viendo lo que pasaba no hicieron nada.
Si nos volvemos más conscientes sobre la realidad social, ambiental, económica, cultural, política y en general de la situación mundial, desarrollamos un poco de más sensibilidad que es lo que parece estar haciendo falta al mundo.
Triste es que la barbarie ya no causa escozor, que los desastres ya no asustan y que la corrupción y el pillaje político sea visto como una profesión en la que quieren estar muchos.
Cuando los seres humanos perdemos la capacidad de aterrarnos, cuando las cosas malas ya sean hechos normales y cotidianos, los seres humanos estamos en la peor decadencia, pues eso nos llevara a ella, y ya estamos muy cerca.
Un ciudadano responsable socialmente es un nuevo actor social que debe surgir de la voluntad individual y del compromiso de aquellos que creemos en estas tesis.
Depende de cada persona hacer el cambio, por lo que es necesario abandonar la indiferencia que hoy nos caracteriza y que de seguir así, es esa misma indiferencia la que nos llevara al caos total.
El cambio es en el interior de cada uno asumiendo una posición más humana, retomando los principios de la solidaridad, del humanismo social y todos aquellos principios y valores que han prevalecido en las tradiciones literarias de todas las sociedades, pero que cada vez están más ausentes.
Un ciudadano responsable socialmente hace, no aplaude al que hace lo que es correcto, él mismo asume la postura de también hacerlo, y lo que es correcto no hay que buscarlo demasiado, lo correcto es todo aquello que debe ser para el bien personal sin perjudicar a otros.
Es aquí una de las principales confusiones que existen hoy en materia social, la libertad individual mal entendida como la libertad de hacer lo que se me antoje inclusive pasando por encima de los demás, o la libertad de no hacer nada y permitir que los demás causen daño a otros o a su mundo.
Para ser socialmente responsables es necesario hacernos conscientes del cambio interior para adoptar una actitud y una cultura que nos lleve a la acción de modificar comportamientos indebidos y dañinos que prevalecen hoy en nosotros, entendiendo que hace parte del cambio la permisibilidad, la complicidad, la indiferencia, el egoísmo y otros tantos comportamientos individuales que sin aparentemente ser generadores directos de lo malo, lo patrocinan o estimulan.
Es necesario entonces entender que tenemos lo que nos merecemos, y que aunque no nos guste el escenario actual de nuestras vidas, es el que hemos creado bien con la acción o con la omisión, por lo que solo nos resta ser actores directos del cambio, y no esperar que las cosas cambien por si solas, o delegar esta misión a otros.
La sociedad actual y la de del futuro, requiere de ciudadanos responsables socialmente, los que deben formarse en los núcleos familiares, en las escuelas y para los que deben haber políticas de estado que los haga conscientes y socialmente responsables, pero para lograr que se den estas condiciones nos toca a la población consciente actual iniciar este cambio, el cual empieza como lo he mencionado con cambios de comportamientos, hábitos, actitudes y cultura en familia y en sus grupos sociales, volviéndose más activos que pasivos, haciendo un algo, poniendo más que un grano de arena, un buena parte de su esfuerzo para que esto se logre o mañana por más que queramos remediarlo será imposible.
Las diferencias sociales cada día son más grandes, así como los cordones de miseria que generan inseguridad social, e igualmente los problemas ambientales son cada día más crecientes.
Dicen los empresarios que cada vez es más difícil conseguir empleados honestos, honrados y eficaces, y posiblemente es así, pero ese los que hay son los que tenemos y los que hemos creado, pues ellos como los mismos empresarios han sido hijos de esta cultura de la permisión, de los anti valores y de de una serie de actos inmorales y nocivos, que soportamos y alcahueteamos mientras no nos haga daño a nosotros.
El problema es hoy en día más cultural, pues hace parte de la cultura la descomposición familiar, la pérdida de valores, por lo que difícilmente encontramos personas con principios éticos acordes a los principios sociales y morales rectores del fundamento de las sociedades sanas.
La fidelidad dejo de ser una virtud convirtiéndose socialmente en una debilidad de género en la especie humana; la honradez paso a ser una falta de viveza; la coherencia se califica como radicalismo y así como esos asuntos todo lo que debería prevalecer para el principio de una sociedad sana es mal visto en una sociedad desenfrenada de pasiones, emociones y comportamientos sin responsabilidad por sí mismo ni por los otros.
Nada es diferente en el asunto político, ya que es corriente que todos hablen acerca de los acontecimientos locales y mundiales con una capacidad de crítica fuerte, pero nadie hace nada, no nos comprometemos con las decisiones, ni siquiera con lo mínimo que es sufragar (votar), y menos haciendo control ciudadano a los dirigentes de turno que elegimos o dejamos elegir sin que tengan las capacidades para conducir una ciudad o a las naciones.
No es necesario tener el poder para decidir, la historia actual nos refrenda lo que siempre ha sucedido, son las grandes masas conscientes las que pueden cambiar el curso de la historia, pero a esto hay que agregarle un elemento importante: compromiso, y es lo que nos toca para volvernos socialmente responsable. Cada persona asume la postura e invita a otro, y así se va creando una cadena que da origen a masas enteras llamadas al cambio.
Hago referencia a los brotes ciudadanos que exigen cambios radicales inclusive de gobiernos corruptos o de políticas públicas con beneficio para pocos o que desmejoran a las comunidades (Ej: genocidio social de Argentina, terminación de dictaduras recientes y más).
Conclusión: Somos los que aún nos autodefinimos como personas de buenos principios y socialmente responsables, los llamado hacer el cambio e iniciar a otros a hacerlos, pero eso requiere una cuota de esfuerzo o de apoyo, y si queremos el cambio, es necesario hacerlo.
Presenciamos hoy una descomposición social abismal, a la vez que nos enfrentemos a cambios climáticos derivados por el mal uso y el abuso del ser a su entorno, e igualmente vemos derribar economías que parecían fuertes generando efectos que repercuten en los países más pobres.
Es necesario pensar en modelos y políticas de crecimiento que aporten para el mejoramiento social, la protección ambiental y el desarrollo económico de forma sostenible, algo que no puede depender de la voluntad de un gobernante, es necesario que todos y cada uno de los actores sociales cambiemos de pensamiento volviéndonos “Ciudadanos responsables socialmente”.
Parece ser esto lo más difícil, pues todos esperamos obtener algo mejor, pero pocos estamos dispuestos a hacer el sacrificio o esfuerzo que se requiere obtenerlo.
El origen de los problemas sociales radica principalmente en la cultura adoptada como estilo de vida: Criticamos pero no hacemos nada para cambiar, o asumimos una postura de nada me importa, porque yo estoy bien.
Ser un ciudadano responsable socialmente es volvernos críticos y asertivos, es convertirnos en personas decididas a buscar soluciones y no justificaciones, es asumir una posición más activa frente a lo que acontece, sin delegar a otros esta misión que es de todos, pues debemos tener claro que lo que hagamos o dejemos de hacer, impactará a nuestros hijos.
Desde una postura ciudadana normal, lo más fácil es señalar a otros de lo que nos sucede, y es frecuente que el común de la gente exprese que la culpa es del gobierno, o que los jóvenes manifiesten que la culpa es de los padres: la culpa es de todos aquellos que viendo lo que pasaba no hicieron nada.
Si nos volvemos más conscientes sobre la realidad social, ambiental, económica, cultural, política y en general de la situación mundial, desarrollamos un poco de más sensibilidad que es lo que parece estar haciendo falta al mundo.
Triste es que la barbarie ya no causa escozor, que los desastres ya no asustan y que la corrupción y el pillaje político sea visto como una profesión en la que quieren estar muchos.
Cuando los seres humanos perdemos la capacidad de aterrarnos, cuando las cosas malas ya sean hechos normales y cotidianos, los seres humanos estamos en la peor decadencia, pues eso nos llevara a ella, y ya estamos muy cerca.
Un ciudadano responsable socialmente es un nuevo actor social que debe surgir de la voluntad individual y del compromiso de aquellos que creemos en estas tesis.
Depende de cada persona hacer el cambio, por lo que es necesario abandonar la indiferencia que hoy nos caracteriza y que de seguir así, es esa misma indiferencia la que nos llevara al caos total.
El cambio es en el interior de cada uno asumiendo una posición más humana, retomando los principios de la solidaridad, del humanismo social y todos aquellos principios y valores que han prevalecido en las tradiciones literarias de todas las sociedades, pero que cada vez están más ausentes.
Un ciudadano responsable socialmente hace, no aplaude al que hace lo que es correcto, él mismo asume la postura de también hacerlo, y lo que es correcto no hay que buscarlo demasiado, lo correcto es todo aquello que debe ser para el bien personal sin perjudicar a otros.
Es aquí una de las principales confusiones que existen hoy en materia social, la libertad individual mal entendida como la libertad de hacer lo que se me antoje inclusive pasando por encima de los demás, o la libertad de no hacer nada y permitir que los demás causen daño a otros o a su mundo.
Para ser socialmente responsables es necesario hacernos conscientes del cambio interior para adoptar una actitud y una cultura que nos lleve a la acción de modificar comportamientos indebidos y dañinos que prevalecen hoy en nosotros, entendiendo que hace parte del cambio la permisibilidad, la complicidad, la indiferencia, el egoísmo y otros tantos comportamientos individuales que sin aparentemente ser generadores directos de lo malo, lo patrocinan o estimulan.
Es necesario entonces entender que tenemos lo que nos merecemos, y que aunque no nos guste el escenario actual de nuestras vidas, es el que hemos creado bien con la acción o con la omisión, por lo que solo nos resta ser actores directos del cambio, y no esperar que las cosas cambien por si solas, o delegar esta misión a otros.
La sociedad actual y la de del futuro, requiere de ciudadanos responsables socialmente, los que deben formarse en los núcleos familiares, en las escuelas y para los que deben haber políticas de estado que los haga conscientes y socialmente responsables, pero para lograr que se den estas condiciones nos toca a la población consciente actual iniciar este cambio, el cual empieza como lo he mencionado con cambios de comportamientos, hábitos, actitudes y cultura en familia y en sus grupos sociales, volviéndose más activos que pasivos, haciendo un algo, poniendo más que un grano de arena, un buena parte de su esfuerzo para que esto se logre o mañana por más que queramos remediarlo será imposible.
Las diferencias sociales cada día son más grandes, así como los cordones de miseria que generan inseguridad social, e igualmente los problemas ambientales son cada día más crecientes.
Dicen los empresarios que cada vez es más difícil conseguir empleados honestos, honrados y eficaces, y posiblemente es así, pero ese los que hay son los que tenemos y los que hemos creado, pues ellos como los mismos empresarios han sido hijos de esta cultura de la permisión, de los anti valores y de de una serie de actos inmorales y nocivos, que soportamos y alcahueteamos mientras no nos haga daño a nosotros.
El problema es hoy en día más cultural, pues hace parte de la cultura la descomposición familiar, la pérdida de valores, por lo que difícilmente encontramos personas con principios éticos acordes a los principios sociales y morales rectores del fundamento de las sociedades sanas.
La fidelidad dejo de ser una virtud convirtiéndose socialmente en una debilidad de género en la especie humana; la honradez paso a ser una falta de viveza; la coherencia se califica como radicalismo y así como esos asuntos todo lo que debería prevalecer para el principio de una sociedad sana es mal visto en una sociedad desenfrenada de pasiones, emociones y comportamientos sin responsabilidad por sí mismo ni por los otros.
Nada es diferente en el asunto político, ya que es corriente que todos hablen acerca de los acontecimientos locales y mundiales con una capacidad de crítica fuerte, pero nadie hace nada, no nos comprometemos con las decisiones, ni siquiera con lo mínimo que es sufragar (votar), y menos haciendo control ciudadano a los dirigentes de turno que elegimos o dejamos elegir sin que tengan las capacidades para conducir una ciudad o a las naciones.
No es necesario tener el poder para decidir, la historia actual nos refrenda lo que siempre ha sucedido, son las grandes masas conscientes las que pueden cambiar el curso de la historia, pero a esto hay que agregarle un elemento importante: compromiso, y es lo que nos toca para volvernos socialmente responsable. Cada persona asume la postura e invita a otro, y así se va creando una cadena que da origen a masas enteras llamadas al cambio.
Hago referencia a los brotes ciudadanos que exigen cambios radicales inclusive de gobiernos corruptos o de políticas públicas con beneficio para pocos o que desmejoran a las comunidades (Ej: genocidio social de Argentina, terminación de dictaduras recientes y más).
Conclusión: Somos los que aún nos autodefinimos como personas de buenos principios y socialmente responsables, los llamado hacer el cambio e iniciar a otros a hacerlos, pero eso requiere una cuota de esfuerzo o de apoyo, y si queremos el cambio, es necesario hacerlo.
Tito González S.
Enero del 2012
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Actualizado (Miércoles, 04 de Enero de 2012 16:38)


