CIVISMOHoy pasados mis 60 años, recuerdo que en los primeros años de primaria se nos impartía una asignatura de civismo que enseñaban a dar las gracias, a saludar, a ponernos de pie en señal de respeto por las personas mayores, a ceder el puesto a las embarazadas, así como a los ancianos y a los enfermos, a comportarnos decentemente sin gritar y sin interrumpir, a reconocer los derechos de los demás para mantener una sana y respetuosa convivencia.

Lógicamente, a esa edad, nos reíamos y convertíamos la clase en juego, nos burlábamos de la profesora, pero lo fundamental, nos quedó grabado y aún hace parte de nuestras vidas, de nuestros principios y valores.

Luego, en bachillerato, hoy llamada secundaria, nos reforzaban con una asignatura que se le llamaba comportamiento y salud que abarcaba algo más de la convivencia ciudadana, adentraba un poco en la exploración mítica del sexo, enseñándonos el respeto por las personas y sobre todo por el sexo opuesto, entendiendo a su vez diferencias conceptuales, e igualmente nos orientaba en hábitos saludables.

También nos reíamos y aprovechábamos alguna oportunidad para hacer recocha y burlarnos un poco, pero lo esencial nos quedaba claro, estoy seguro que mucho del contenido se grabó en nuestras mentes, porque a pesar de que en aquella época las cosas se trataban con tapujo y no abiertamente, el tabú y la malicia aún coexistían, esta generación adulta aprendió una serie de valores que hacen parte de nuestras vidas y que mucho nos han servido, algo que también hemos trasmitido a nuestros hijos, al menos con el ejemplo, más que con el discurso.

Me asalta hoy una alta reocupación por la ausencia del tema de la cívica, así como de la urbanidad y los principios y valores fundamentales que nos permiten vivir en sociedad sin hacernos daño, eso que ya no es parte de educación escolar, más aun, que sean visto como algo pasado de moda o quizás más que obsoleto, inútil.

Algunos especialistas se atreven a decir que lo que sucede es que los principios y valores fundamentales que enseñaba la cívica, la moral y la misma ética no los debe enseñar la escuela, es cosa de los padres, y yo me hago la siguiente pregunta: ¿De qué padres me hablas si hoy en día muchos de ellos no saben que es ser padres?, además, ¿Acaso no se dan cuenta que hoy hay más niños huérfanos de padres vivos que de padres muertos?

Padre no es aquel que tenga un crio, padre y madre no es la persona que te pario o que puso su esperma para que naciera un alguien en este mundo. Padre es una palabra grande que no podemos conjugar a la ligera, es un alguien que sin necesidad de parir o de poner algo asume una postura de educación y amor basada en el ejemplo, entregando parte de su vida para que la otra persona pueda crecer siendo útil y feliz en este mundo.

Padre es sacrificar mucho sin importar lo que dejas o sueltas, porque siempre habrá ganancia en la medida que evalúes el buen legado que dejas al mundo, un hijo que es un ciudadano responsable y correcto.

Padre es ofrecer el tesoro más valioso, el tiempo de nuestra vida para ese alguien que es muy importante y por quien vale la pena hacerlo.
Padre es ser el maestro dispuesto a aprender todos los días para poder enseñar de mejor forma a ese alguien que quieres sea la mejor persona.
Padre es convertirse en un explorador sin mapa que viaja en una aventura que tiene un punto de partida sin saber el punto de llegada, pero que te llena de una constante satisfacción por lo que estás haciendo.

Es preocupante lo que está sucediendo, nos quejamos de esta sociedad en la que no hay respeto, en la que se perdió el civismo, pero nadie lo fortalece, nadie lo cultiva y muchos pasamos a ser responsables por acción u omisión de la situación indeseable que vivimos.

Si queremos avanzar hacia sociedades más justas basadas en el respeto, en necesario fortalecer nuevamente los principios y valores, tanto sociales como morales.

De allí la importancia de que la educación juegue un papel importante en esta cruzada y vuelvan las asignaturas de cívica, urbanidad, comportamiento y salud y que los padres asuman de mejor manera el papel responsable que tienen como formadores de carácter, de criterio, de pensamiento y en la forma de ser de los hombres del futuro.

La meta es formar ciudadanos correctos, informados y conscientes sobre sus derechos y deberes en la sociedad, capaces de pensar críticamente y discernir sobre los distintos temas que influyen en su entorno, pero que antepongan normas básicas de convivencia, que valoren el respeto y todos aquellos principios básicos que nos permiten mantener la armonía.

Si no hacemos lo que nos corresponde hoy, de nada vale lamentarnos mañana.

TITO GONZALEZ S

Consultor organizacional