Una empresa socialmente responsable va más allá de tener un programa y una política de responsabilidad social definida, enunciada y comunicada.

La responsabilidad social no se logra con acciones o gestiones caritativas, altruistas y bondadosas hacia afuera o hacia dentro del colectivo de la empresa u organización, tampoco con proyectos ambientales y sociales aislados, y menos con una documentación juiciosa de todas las actividades sociales internas que hacen parte de una política de bienestar social y del programa de salud ocupacional.

De manera frecuente encontramos empresas que presentan a final del año un “bonito y extenso Balance social”, dándole el carácter de ser su informa de responsabilidad social anual, el cual es presentado a sus accionistas, clientes, proveedores el cual parece ser más una pieza adicional de la estrategia del marketing, para agregar de esta forma valor a su reputación corporativa.

De manera similar nos topamos con titulares de prensa o informes privados con los siguientes enunciados: “En el año en curso plantamos X cantidad de árboles en la vega del rio del corregimiento al que pertenecemos”, “Este año realizamos donación millonarias que sirvieron para recuperar una escuela”, “Por nuestro sentido social, apoyamos al hogar de ancianos con el personal de mantenimiento de la empresa para levantar el techo ya caído”, “Sensibles ante la situación, en este año regalamos bicicletas a los niños de la vereda que no tenían como desplazarse a la escuela”. Sin desconocer el impacto positivo de estos programas, el realizar acciones buenas no nos hace buenos; no por aparentar ser, somos.

Con acciones como las anteriormente mencionadas como ejemplo, se cuenta con una información suficiente que permite preparar un Balance social, que en muchas empresas con cierta habilidad, le dan su matiz para que sea el informe de la gestión en responsabilidad social, agregándole tan solo la parte teórica de los principios, los objetivos y algo más de la RSE.

De esta manera y con informes hechizos algunas organizaciones sienten que han cumplido con un deber de la RSE, y es por ello que se dice que la RSE se pone de moda.

Ser socialmente responsable es más que eso, es más que acciones aisladas, más que caridad y filantropía. Una empresa socialmente responsable define el programa de RSE como principio de vida organizacional, alineando toda estrategia a dicho principio.

La responsabilidad social está fundamentada en principios éticos, más que morales, y dichos principios son los elementos rectores de las relaciones internas y externas de la empresa para con la comunidad laboral y su entorno social.

Una empresa socialmente responsable no define sus principios rectores solo para la planeación estratégica, los integra en la vida diaria de sus relaciones, viviéndolos, acatándolos, siguiéndolos, enseñándolos y respetándolos.

No se puede ser responsable socialmente haciendo obras buenas hacia afuera, o generando espacios gratos para los trabajadores y sus familias, si la empresa para ganarse un negocio con una entidad de gobierno o para participar en un gran negocio hace algo indebido, por ejemplo, dar una comisión o participar en el sistema de corrupción; tampoco se puede ser socialmente responsable a pesar de que se destine un importante dinero para ciertas obras sociales, si la empresa con el fin de ganarse la confianza interna (de sus empleados) patrocina eventos permitiendo e inclusive facilitando el licor y situaciones que conllevan a comportamientos indebidos.

Posiblemente este tipo de temas como fomentar el licor, a la percepción de algunas personas, se tocan los umbrales del campo moral, pero en responsabilidad social debe quedar claro y sin espacio a dudas, que una política de RSE indica que: lo que se hace, se profesa, se estimula, se patrocina, se comunica, se aplaude, se fomenta, se difunde y se apoya, está validando lo que debe ser y lo que se tiene que hacer, es decir, crea valor de “bueno” o “Aceptable” a un comportamiento, a una creencia o a una conducta, así sea equivocada.

El concepto de lo “bueno” desde una óptica antropológica, está relacionado con las creencias, cultura y paradigmas de grupos respectivos, por lo que lo bueno pasa a ser subjetivo, pero en el campo de la RSE, lo bueno está relacionado con beneficio social, humano y ambiental.

En este contexto de la RSE, lo bueno es aquello que genera beneficio o agrega valor, y al menos no produce daño a la persona, a su familia, a la comunidad y/o al medio ambiente. Recordemos que la palabra Bueno deriva del latín bonus, el adjetivo bueno que hace referencia a aquello que tiene bondad y, por consiguiente es favorable, útil, agradable, gustoso, divertido o apetecible. Bueno es un adjetivo calificativo contrario a lo que molesta, daña, desfavorece, o que produce algún tipo de conflicto.

Aplicado al caso de un sujeto o persona, alguien bueno es aquel que muestra una tendencia natural a hacer el bien, por lo que aplicado a las organizaciones o sistemas empresariales, bueno es aquello que produce beneficios y que agrega valor favorable.

Considerando la explicación del adjetivo bueno, una empresa responsable socialmente esta orientada a hacer lo que en otras palabras se denomina lo correcto, entrando aquí los juicios, conceptos y consideraciones personales, pues cada quien sabe que es lo correcto o que no es correcto dentro de su sociedad o sistema de relaciones al que pertenece, a si trate de engañarse o engañar a los otros. Lo correcto es lo correcto, aplicando los verbos ser y estar.

Para hacer lo correcto, es preciso saber qué es lo correcto.

La Responsabilidad Social trasciende a un plano filosófico, a un concepto ético general que se convierte en el fundamento para diseñar un lineamiento estratégico del negocio y un programa que atienda aspectos como: la ética de la empresa desarrollando un manual que regirá y que será enseñado a todos los grupos de interés; una filosofía de gestión del talento humano apoyada con los programas de salud ocupacional, de bienestar y más, que estén orientados a mantener una excelente calidad de vida laboral; un programa de medio ambiente; un plan de apoyo y atención que agregue valor a la comunidad que pertenece; y  una filosofía ética y estratégica de marketing responsable.

Por lo tanto, una empresa socialmente responsable cimienta su cultura en los principios de honestidad, transparencia y servicio, en los que fundamenta su actuar, reflejados en la calidad de vida de la empresa, la vinculación e impacto con la comunidad, el cuidado y prevención del medio ambiente y la ética empresarial.

Refiriéndonos ya a los hechos concretos, una empresa socialmente responsable se ajusta a los siguientes principios:

Referentes a los derechos humanos:

  • Las empresas tienen el deber de apoyar y respetar la protección de los derechos humanos proclamados internacionalmente.
  • Las empresas deben asegurarse de no ser cómplices de abusos de los derechos humanos, por lo que es su deber cuidar que no se suceda al interior de su empresa, y/o al interior de las empresas de sus proveedores y aliados comerciales y estratégicos.

Referentes al trabajo

  • Las empresas deben respetar y estimular la libertad de asociación y el reconocimiento efectivo del derecho a la negociación colectiva.
  • Se debe de eliminar todas las formas de trabajo forzoso y obligatorio, así como erradicar cualquier forma que tipifique con el acoso laboral.
  • Se debe abolir totalmente el trabajo infantil.
  • Hay que eliminar la discriminación en relación con el empleo y la ocupación.

Referentes al Medio ambiente:

  • Las empresas deben implementar acciones de control y preventivas ante los temas ambientales.
  • Las empresas deben adoptar iniciativas para promover al interior y al exterior de la misma, una mayor responsabilidad medioambiental.
  • Se debe fomentar el desarrollo y la difusión de tecnologías respetuosas del medio ambiente.
  • Relación con la ética:
  • Las empresas deben trabajar contra la corrupción en todas sus formas, incluyendo la extorsión y el soborno tanto en lo público como en lo privado.

Relación con la ética:

  • Las empresas deben trabajar contra la corrupción en todas sus formas, incluyendo la extorsión y el soborno tanto en lo público como en lo privado.

Tito González S.

gerencia@fundarse.org