Con cierta frecuencia se presenta confusión de la Responsabilidad Social Empresarial, con posturas filantrópicas y caritativas.

Nada raro tiene que una empresa en un momento de crisis social o ambiental, como puede ser una catástrofe climática, bien sea una avalancha, sequia, huracán o similar, o ante una situación social desgarradora que conmueva a un grupo social, disponga de algunos recursos o encamine esfuerzos para ayudar por ese suceso.

Recolectas, donaciones, brigadas de apoyo y acciones similares pueden ser formas de apoyo ante estas situaciones, que en su mayoría de las veces son estimuladas u organizadas por la empresa, por lo que es posible que las denominen como su aporte en Responsabilidad social.

Para entender la diferencia entre Responsabilidad social y filantropía, es necesario definir los términos.

La palabra Filantropía tiene origen en un vocablo griego que significa “amor al género humano”. Se trata de un concepto usado positivamente para hacer referencia a la ayuda que se ofrece al prójimo sin requerir una respuesta o algo cambio. Se dice de sujetos o de organizaciones filántropos a aquellos que gustan de hacer proyectos sociales y que prestan alguna ayuda a grupos o poblaciones necesitadas. El voluntariado, las donaciones y las acciones sociales sin ánimo de lucro o sin interés político alguno, hacen parte de la filantropía.

Caridad deriva del latín carĭtas, y es una virtud teologal de la religión cristiana que consiste en amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo. Se trata, por lo tanto, de un amor desinteresado.

El concepto de caridad se utiliza para describir la acción de auxilio y/o apoyo que se presta a los necesitados. Por ejemplo: “Bill Gates ha donado gran parte de su fortuna a obras de caridad”“Mi madre desde que se jubiló, se dedica a la caridad”“En este pueblo, muchas familias viven de la caridad”.

Caridad puede usarse como sinónimo de la palabra filantropía, y muchas empresas o personas por convicción o política hacen actos caritativos o filantrópicos, agregando valor social y comunitario por el impacto y la repercusión social que se tiene; esto son acciones sueltas benéficas que no hacen parte de un “programa de Responsabilidad Social”.

La RSE empieza por entenderse como un programa de empresa, como una política que hace parte de su cultura y se le establecen indicadores de gestión y por ende evaluaciones de resultados.

La diferencia es que el acto filantrópico y caritativo es una acción de voluntad y disposición espontánea que empieza y termina cuando la persona o la empresa lo decida.

En épocas de calamidad o desastres naturales que afecten a grandes gruesos de poblaciones vulnerables muchas empresas hacen recogidas de mercados, donaciones y algunas jornadas de ayuda, pero estas solo se hacen como un acto de generosidad y buena voluntad, que iniciaron por un motivo especifico, sin mayor compromiso, en muchos casos se dio la ayuda, y ahí todo quedó, ya no se hace más.

Diferente es que una empresa adopte una comunidad para hacer análisis de sus riesgos y empiece a trabajar con ella para minimizarlos o quizás hasta erradicar el riesgo, es decir, su propósito ya es todo un programa que tiene un fin basado desde un diagnóstico, un estudio hasta una culminación.

Otro ejemplo es apadrinan un grupo de infantes para que entren a la escuela y terminen sus estudios primaria o los de secundaria. En este caso tiene un propósito con un inicio y se hace un seguimiento hasta un resultado esperado.

La Responsabilidad Social Empresarial es pues un programa de empresa que tiene una política, un objetivo, indicadores, plan y seguimiento, y se hace dentro de un marco benevolente por así llamarlo, en la medida que no es una exigencia de ley o gubernamental, es un acto voluntario, pero con todo un procedimiento, sistema y método con el fin de compensar, devolver o simplemente agregar valor a una situación o comunidad.

Aclaro nuevamente que la RSE no riñe ni se opone a la caridad, a la generosidad y a la filantropía, pues en verdad la RSE está alimentada e impregnada de estas virtudes, pero en el caso organizacional, tienen método y es un proceso especifico de la empresa que hace parte de su política, de sus objetivos, así como hay otros de producir, vender y los que le generan resultados.