Teóricos y estudiosos de la administración definieron en la planeación estratégica de los negocios un marco conceptual que permitiera crear Misión, Visión, Objetivos Estratégicos y Valores Corporativos, propuesta teórica que durante muchos años ha sido adoptada por las empresas, pero que para la gran mayoría de las empresas no sirven para nada.

Definirlos, crearlos, imprimirlos y colgarlos genera tiempo y desgaste, y en algunos empresarios, es como si hubieran hallado la gallina de oro, es su principal logro del que sienten un gran orgullo pero que con el tiempo terminan colgados detrás de un muro de la empresa, o entre carpetas y documentos que no importan a nadie, sucediendo con esta lluvia de ideas o botada de corriente lo mismo que la escritura de constitución y gerencia, queda archivada y nunca vuelve a ser revisada para adaptarla a las nuevas condiciones y característica del mercado y de la misma empresa.

La situación actual del mercado, la globalización, los comportamientos de los mercados, el imaginario colectivo y esa cantidad de condiciones determinantes en el comportamiento del cliente, obliga a que las decisiones de las empresas sean más prácticas que teóricas, por lo que la visión, la misión y los valores requieren ser revaluados por asuntos más pragmáticos:

¿Qué puedo hacer? ¿Qué debo hacer? ¿Para quién lo debo de hacer? ¿Cómo lo debo de hacer?

Durante mi experiencia como consultor me he topado con empresas que ostentan de una visión que comienza: en los años tales estaremos a la vanguardia de… y nos posicionaremos como la mejor empresa del…

Lo mismo sucede con sus misiones: Somos una empresa que trabaja con la mejor y más alta calidad, con tecnología de avanzada, con el compromiso de satisfacer a los clientes, etc., etc., etc. Muy similar ha la que todos tienen y que a la larga no dicen nada.

Tanto misión como visión son pretensiones y explicación de lo obvio y el deber hacer. ¿Quién está interesado en una empresa que haga las cosas mal, de baja calidad y que no busque satisfacer a su cliente? Si es este un requisito de todo cliente, no hay porque decirlo, y menos considerarlo como lo más importante de la misión o visión, es un deber.

Lo mejor del asunto, es que, haciendo un diagnóstico de la empresa, encontramos realidades como que en el proceso operativo siguen con una tecnología vieja y desgastada, además tienen baja capacidad económica para reestructurarse, y/o que cuentan con un comprador poco fiel del cual la empresa no tiene ni la menor idea de su perfil y de sus necesidades de compra y consumo, más si de la modalidad y capacidad de pago, y algunas veces ni siquiera de eso. Es decir, he encontrado empresas donde la misión y visión que profesan o exhiben van por un lado totalmente diferente a la realidad, deduciendo que su marco teórico fue un lindo cuento que se dejaron echar por un consultor que les debe haber cobrado una buena cantidad de dinero.

Es ahí donde hay que tomar decisiones de acuerdo a las condiciones actuales de la empresa: ¿qué es lo que se sabe hacer? ¿Qué es lo que hacen?, identificar el cliente y aprender a conocer ¿quiénes son sus clientes? ¿Qué buscan? ¿Por qué razón compran? Y luego establecer el plan de ¿Cómo debe de hacer lo que ellos necesitan, quieren, pueden pagar, con lo que tiene, con lo que puede alcanzar y con lo que se sabe hacer o puede hacer si se asocia o busca otras alternativas?

La planeación estratégica debe tener polo a tierra, es decir, partir de la realidad de la empresa, considerando su capacidad, su estado, su conocimiento, su relación y todos sus elementos, teniendo como foco sus clientes actuales y potenciales que pueda satisfacer con lo que puede hacer. Es decir, dejar de echarnos cuentos que no podemos vivir, es como hacernos promesas que no podemos cumplir.

La planeación estratégica que parte de una misión, visión, valores y objetivos, no funciona para nada si no se aterriza a la realidad y condición de la empresa y del mercado. Por bonitas y bien elaboradas que sean, así sean redactadas por el gurú de los consultores de nada sirven si no se empieza por lo elemental, el dónde estoy y para dónde voy, de acuerdo a la capacidad que tengo y con lo que puedo contar, de acuerdo a mi experiencia, mi conocimiento y mi mercado actual, y hacia dónde quiero llegar conquistando nuevos mercados.

Por más de que la intensión hubiera sido tener una gran fábrica, pero si ahora somos un taller, deberé ser el mejor taller y eso me permitirá consolidarme y crecer para ser la gran fábrica del mañana. Pero si desde ahora me creo fabrica siendo un taller, sin tener la capacidad, experiencia, mercado, las relaciones y en general las condiciones de gran fábrica, téngalo por seguro que esto le llevara al fracaso.

La planeación estratégica es igual a los principios de motivación, que nos indican que para llegar alto hay que soñarlo, creerlo, desearlo y trabajar por ello, pero, debemos estar aterrizados y no soltarnos a volar si aún no hemos aprendido a hacerlo. Todo a su tiempo. Así que ser pragmáticos en el autoanálisis de la empresa es la mejor recomendación para mantenernos y crecer en el mercado.