Por regla general la Responsabilidad Social Empresarial es abordada con el diseño de programas orientados a favorecer a uno o a varios de los grupos de interés de la organización a que corresponde (stakeholder), y en otros muchos casos, ejecutando programas de tipo ambiental, contextualizando la RSE a partir de las diversas definiciones y la relación que se tiene con los objetivos del milenio (Pacto Global del 2000).

Sin desconocer la importancia de cualquier acción por pequeña o trascendente que sea en beneficio de algún grupo objetivo o de alguna causa, y sin hacer acusación de ningún tipo, me atrevo a decir que la gran mayoría de las empresas y programas, han dejado de lado la esencia principal de la responsabilidad social.

En mi parecer, debemos cuidar de que la RSE no quede limitada simplemente a realizar un programa por representativo que sea, se debe ir más allá, reforzando los príncipes y valores fundamentales de una sociedad, con énfasis en la protección y el fortalecimiento del principal núcleo, “La Familia”.

Parto de una premisa básica: “No podemos ser responsables socialmente, si no lo somos en el núcleo principal y fundamental de nuestras vidas y la sociedad: la familia”.

Tampoco estoy afirmando que todos los programas de empresa en Responsabilidad Social tienen que atender formación o asuntos de familia, pero lo que sí puedo afirmar, es que en lo poco o mucho que conozco del tema, este componente, el de Familia, está casi ausente en los diferentes programas empresariales o corporativos, como si fuera nada relevante.

Las empresas comprometidas con los programas de Responsabilidad Social, fortalecen y protegen las relaciones de familia, e inculcan valores que la protejan.

Una empresa socialmente responsable levanta y promulga un código de ética, el cual está estrechamente ligado a los principios y valores morales como sociales, que nunca son distantes a los principios esenciales de la familia, por lo que una empresa comprometida con los principios rectores de la Responsabilidad Social, cuida de que el trabajo mismo, la convivencia, los momentos que propicio y demás asuntos, no atenten la sana relación de familia, es decir, que no causen perjuicio alguno que termine en detrimento familiar.

La RSE pasa de ser un programa a ser Cultura organizacional, impactando la forma de pensar de sus empleados y repercutiendo en sus familias, en busca de tener un equipo de trabajo Responsable como esposos, como padres, como hermanos, como hijos y como amigos, por lo que no estimula antivalores, ni propicia momentos que causen detrimento del núcleo familiar.

En la cultura organizacional, la RSE dedica un espacio para culturizar a sus empleados, estimulando y orientando a que la Responsabilidad Social en familia trasciende más allá que el hecho de cumplir con las obligaciones como padre o acudiente. Esta responsabilidad trata del ejemplo, del respeto, de la fidelidad, de la capacidad de ser el líder que motiva y fortalece la autoestima de los demás.

Difícilmente se puede ser Responsable socialmente, por interesante que sea cualquier programa, si la persona es irresponsable con sus hijos, mal tratador de palabra o acción para con su pareja o miembros de su grupo familiar, si es opresor o si tiene comportamientos censurables.

Un padre de familia o acudiente que miente, que justifica sus malos comportamientos, que es vulgar, que fácilmente se irrita, que se expresa inadecuadamente de sus semejantes, no es un buen ejemplo para sus hijos, y un poco más lejos, no es coherente con los principios rectores de la Responsabilidad social que tratan de la equidad, de la justicia, la solidaridad, la colaboración, la honestidad, la honradez, la sinceridad y en general de una serie de virtudes que pueden calificarse como teologales. Son en sí, amor por los demás, respeto por los demás, justicia por los demás, gratitud y servicio.

Al implementar un programa de Responsabilidad Social al interior de una organización, lo primero que debemos valorar es el cómo las actividades de la empresa inciden en la calidad de vida de los colaboradores y de sus familias, ya que estas pueden agregar o restar valor a las mismas.

Adquiere más valor un programa de RSE, cuando la organización establece un programa de bienestar institucional y cuando define unas políticas internas de protección a la familia de los colaboradores, definiendo a su vez indicadores y sistemas de medición que logren evidenciar el impacto y los logros.

Vale la pena realizar un proceso de responsabilidad social que incluya actividades formativas en principios y valores de orientación a la familia, creando así una cultura verdaderamente ligada a los principios Éticos y morales que deben regir a una sociedad sana.